A menudo se tienen dudas sobre cuándo y por qué acudir al psicólogo.

En primer lugar, la terapia psicológica está indicada si:

  • Padeces estrés, ansiedad, nerviosismo, miedo, preocupaciones constantes, obsesiones, estado de ánimo deprimido, pensamientos negativos, falta de autoestima, problemas de alimentación, de sueño, adicciones, agresividad…
  • Tienes problemas de pareja (rupturas, discusiones, falta de comunicación, celos, etc.) o sexual (falta de deseo, eyaculación precoz…
  • Los padres observan que su hijo/a tiene problemas de comportamiento, emocional, social o de aprendizaje (rabietas, miedos, celos, rendimiento escolar, dificultades de aprendizaje, alimentación, agresividad, provocaciones…
  • Estás viviendo una situación vital estresante que te está costando superar (duelos, separaciones, conflictos familiares o laborales, pérdida o cambio de trabajo, enfermedades…)
  • Si tu problema está afectando una o varias áreas de tu vida (personal, laboral, sexual, social, etc.)
  • Los intentos de solucionar el problema no han funcionado
  • Quieres mejorar algún aspecto de ti o de tu vida (habilidades sociales, gestión del tiempo, toma de decisiones, consecución de objetivos, etc,)

A veces uno siente que está perdiendo el control de su vida, que hay algo que le gustaría cambiar y por más que lo intenta, no lo consigue. A veces uno se siente bloqueado, estancado en algún punto del que no consigue moverse. No es que la persona no sea capaz de salir, sino simplemente, que los árboles nos impiden ver el bosque.

Un psicólogo te ayuda a disipar los árboles, a ampliar la perspectiva para ver el bosque con todas sus opciones. Además de movilizar las herramientas que uno tiene o buscar de nuevas, para poder encontrar las adecuadas y salir de la situación.

A menudo, se tarda en tomar la decisión de buscar ayuda especializada. A veces, uno se queda estancado en su zona de confort, aunque no se esté del todo bien y se viva una vida gris, sin motivaciones, triste o angustiado.

Los seres humanos nos acostumbramos y nos habituamos a todo, aunque se trate de situaciones disfuncionales. Nos cuesta mucho el cambio porque tendemos a la homeostasis. No sólo a nivel físico, tendemos al equilibrio y cualquier cosa que implique salir de él, nos supone un esfuerzo. Por eso, a veces, no somos felices, no estamos bien, pero por inercia continuamos. Y por miedo al cambio, por miedo a lo desconocido, no damos el paso.

Yo os animo a que lo deis.

Os animo porque, muy frecuentemente, me encuentro con personas que dicen que deberían haber venido antes a terapia, que lo llevaban pensando hacía mucho tiempo, pero no se decidían.

 

 

“Da tu primer paso ahora… No importa que no veas el camino completo. Sólo da tu primer paso y el resto del camino irá apareciendo a medida que camines” Martin Luther King Jr.